5 de septiembre de 2006


Del amor y otras cartografías

Pintado en las ranuras cristalinas
caracola de agua en el vidrio
se resbala un beso transparente
que te busca y me busca,
no nos halla y se aleja,
pierde el rumbo el bote
sin timón, sin vela.
A estribor ensombrecido
se lee el nombre del alma que naufraga
descascarados trazos de sangre
para no ser pronunciados
destinados a guardarse así, húmedos
helados.
Yo soy la gaviota que cruzó silbante
por el radio de la anhelante visión
de tu corazón que no llamó,
y permitió la interposición de un segundo,
periodo eterno que se alarga y se alarga
ineluctable.
Ahora tu no no estás, yo me fui,
tu tratas de recordar mi nombre
yo, en mi mansión soliaria,
intento olvidar tu rostro.
Tu nombre sigue a fuego
tatuado en mi garganta.



Peregrino en una nube solitaria

Peregrino en una nube solitaria
tu nombre
engastándose en la tristeza de la ausencia.
Me ha dolido tantas veces la distancia
del valle dorado de tu vientre
y confudido mi vuelo de paloma
mensajera.
Es un hecho irremediable el no estar.
Canto a tu cuerpo de pantera,
relámpago de amarillo deseo,
te mueves como rumor en lejanía,
me haces pensar en un invierno
derramándose de lluvia taciturna.
Espérame en un recodo de tu curso
para navegarte sin mencionar mi nombre,
sin promesas, meciéndome sin prisa
como un cerezo enamorado de la nieve.