24 de mayo de 2011

Noche otra vez

La luminosidad de la ciudad derramándose en edificios, autos, cristales, pavimento, árboles... me cegó (como siempre) a mitad de la mañana. Ciego fui por las aceras, doblé esquinas concurridas, toque codos con mis codos (alguna mano), brazos con brazos, algún hombro... un disculpe murmurado. Luego, las aceras de colores, las vidrieras, los autos, el pavimento, todo devolviendo el rojo, el amarillo, el verde, el azul, el violeta, el blanco, el café, el crema, el negro, el lila, el rosa, el naranja, el gris. La noche multicolor ha vuelto.

Mañana común, día común

Los edificios iluminados por el sol... la ciudad luce luminosa. Es un día común... todo es común. Me alegra darme cuenta que no advierto a nadie con una maleta partiendo o arribando; no me he fijado si alguien se despide de su casa y se marcha, si alguien va triste, si se suicidará más adelante... Hay tanta luminosidad, que ciega.

17 de mayo de 2011

Mujer con maleta

Miro por la ventana, son las doce de la noche. En la calleja desierta y brillante por el rocío, veo la silueta recortada a contraluz de una mujer caminando por la angosta acera. Carga una maleta. Imagino que recién llega de una ciudad lejana de donde ha partido para abandonar un corazón, un nombre y un pasado. Abriga la esperanza de comenzar de nuevo. ¿Desde dónde vendrá caminando? ¿a dónde se dirigirá? ¿por qué camina por esta calle? No lo sé, pero sentí pena. Ella Fitzgerald cerró la última nota, el sax se apagó. Hubo silencio.

14 de mayo de 2011

Tilo park

El hombre de Tilo park es una parte de ese sitio. Cuando llego ya está ahí; no he logrado irme después de él. Lee un libro o escribe en su libreta. De vez en cuando levanta la mirada y permanece como reflexionando, como imaginando, como... ¿recordando tal vez? Come emparedado y bebe café. Tiene una barba profusa y el cabello largo. Es flaco, nariz grande y ojos oscuros. Lo observo discretamente; él nunca me mira. Me pregunto ¿Cómo puede haber alguien idéntico a mí? ¿cómo es que hace las mismas cosas que yo? o ¿acaso soy yo el igual y soy yo quien hace las mismas cosas que él?... No lo sé.

22 de abril de 2011

Fuera de los días

Hace algunos días, el cielo se entristeció. Alguna lágrima me mojó el corazón y bajé de los días y me perdí en una niebla sin tiempo. Las palabras se derrumbaron. La vida se fue escapando por alguna rendija... eran sueños perdidos, rostros olvidados, nombres confundidos... Las habitaciones de mi alma brumosa quedaron desoladas, los sótanos de mi corazón, ahora húmedos, se hallan vacíos. Calles, callejas, callejones, esquinas, puertas, edificios, casas, ventanas, aceras, vidrieras... todo me llama al aislamiento, a la distancia. Pero sé que en unos días estaré resanando cada espacio resquebrajado, cada parte despintada. Mi alma sanará y estaré de nuevo en los días agrables y aromosos de los parques y las calles.

31 de marzo de 2011

Multiplicidad

El cigarrillo se consume y de pronto estoy solo de nuevo. El viento cambia y se marcha, el día, finalmente, escurre su última gota y me abandona. La sonrisa se va difuminando en el rostro que se aferra para no dejarla ir. La mano deja de agitarse en un saludo que se vuelve adiós. La penúltima persona se aleja... sólo miro su espalda y su andar lento. Luego, yo también parto, me alejo, tanto que me quedo sin mí.
Tantos asuntos, tantos temores nocturnos, tantas urgencias diurnas... esperas, sueños que se alargan en más esperas, estaciones que transitan y yo me duermo en todavía más esperas... tantas que he perdido el presente en un juego de azar y, de pronto, me encuentro respirando en un futuro tan lejano que no lo sé distinguir, ni lo entiendo ni lo quiero. Todo para dibujar más esperas...

26 de marzo de 2011

De nuevo jazz

Otra vez las frondas rediseñadas por las farolas en luz y sombra. De nuevo el sax y el piano, las notas al aire perfumado. Lo alternativo era la marca y algo de beber, para el espíritu. Marzo acarreaba el buen tiempo y los destellantes azules y verdes deambulaban sobre el público, que a su vez, deambulaba. Era como una calle atestada, con rostros peregrinos, que con una mirada huidiza se declaraban cófrades. Los viejos salpicabamos el lugar y todo se entremezcaba en una armonia nocturna.
La música en vaivén, la suave ola de gente, el cielo negro se ocultaba tras el casco de resplandor y la noche bailaba con una cadencia particular,

25 de marzo de 2011

La noche del jazz

La noche mecía las frondas de los árboles de la plaza; frondas rediseñadas por la luz de las farolas. En el pequeño escenario, el grupo ya se había instalado. Todavía quedaban lugares libres y tuve la oportunidad de seleccionar una silla en la primera fila. La indumentaria oscura de los músicos mudaba de tonos por la iluminación.
El cuarteto comenzó a tocar: Coltrane y los demás clásicos. Mi café me calentaba la mano. El viento, como gato, se colaba entre las filas. La noche iniciaba con notas de sax; la noche siseando prometía...
Olvidé, sin darme cuenta, el resto de mis asuntos. La noche era mi amiga y se había sentado a mi lado. Nada impotaba ya.

10 de marzo de 2011

Pantano Park

Pantano Park es un lugar tranquilo. Desde ahí camino a mi esquina donde espero el autobús. Los tres diferentes conductores ya me conocen y me saludan. No necesito pedirles mi boleto de transferencia, sonriendo presionan el botón y me lo entregan. Los viajeros, prácticamente sentados todos los días en los mismos lugares, también nos conocemos. Somos rostros diferentes, con nuestras vidas detrás; con con nuestros asuntos. Nos miramos y basta asentir para saludarnos. El trayecto hasta el centro de la ciudad es largo y cada uno de nosotros va haciendo algo de su propia vida. Yo, leo, hago anotaciones en el texto o escribo cosas de mi trabajo. Muchas veces en mi cuadernillo apunto ficciones que tratan de imitar la realidad. La vida es así, no importa dónde se viva; los días se suceden y cada quien se la va armando. Me gusta imitar los días, las calles y lo que veo. Muchas veces hago un hueco en el aire y me oculto. Hoy, por ejemplo, la noche enciende las farolas y vibra de olores las calles; también, algunas veces, siento algo de soledad, como un sabes un tanto cuanto dulce.

23 de febrero de 2011

Nigth Park

La noche se empecinó en las calles. El parque de farolas de debil luz amarillenta, alberga las sombras huidizas de los peatones. Hay un olor a flores y a motores de autos. La gente en las aceras camina ajena, mirando rostros ajenos, como escondidos. Todos se miran como no mirando, pero buscando un eco en el otro. Yo soy ese que se detiene bajo el farol a encender un cigarrillo, miró mi sombra difusa y observo a los otros. Marcho despacio y llegó a la orilla del parque. El humo se espesa y levita ante mi rostro imaginado por mí como uno diferente. Es un crucigrama cada rostro que atraviesa frente a mí. Levanto un poco más el cuello de mi abrigo, doy una bocanda más y cruzo la calle. Soy un punto más en la ciudad, casi invisible, casi sin existir.

13 de febrero de 2011

Un poco de adiós al pasado

Creo que dejé de sentir tristeza por el pasado... bueno, menos tristeza. No lo podemos recomponer. Los espíritus que habitan mi pasado son poderosos y habían congelado una parte significativa de mi existencia. Pero no es posible tener miedo de soltar las amarras porque los fantasmas nos atan. Recordaré las cosas que pasaron como algo que fue... y, claro, que no puedo arreglar. Desde hace varias semanas mis días se suspendieron en una vida pasada... Dejo aquí esta nota, no era lo que quería decir. No lo quería escribir así. Abriré la puerta a la brisa fresca, que ventile mis habitaciones, luego, lo intentaré de nuevo.

26 de enero de 2011

Círculo

La vida continúa dando vueltas, sigue girando. Después del silencio, el silencio continúa...

16 de enero de 2011

Tiovivo

Parece que los días van dando vuelta en círculo. A veces advierto que encuentro los mismos rostros, las mismas situaciones, mismos sonidos... hasta los olores son los mismos. Bueno, aquí cabe que haya una equivocación de mi parte y que estas apreciaciones sólo sean mi imaginación. Lo mejor de todo es que eso me gusta. Desaparecí de las calles unos días para terminar un trabajo especial y ahora que regreso a ellas, a la plaza y al café, no encuentro nada diferente. De hecho, me gustó ocupar mi viejo rincón bajo la mortecina iluminación, mi café, mi libro, mi periódico y los demás comensales. Esta es mi vida, que con estas repeticiones me recueda la emoción de mi niñez, girando y girando en el tiovivo.

27 de diciembre de 2010

El hombrecillo de los lentes

Woody Allen ha sido actor, director y escritor de sus películas. Retrata un sector de la sociedad estadounidense. Se mofa de creencias, de costumbres, así como de maneras de pensar y estilos de vida y conductas. No obstante, Allen explica que, por una parte,sólo quiere hacer películas que muevan a la risa, hacer comedia. Por la otra, le gusta elaborar dramas. Agrega que, por lo general, emplaza todo esto en circunstancias comunes de la vida real y que le fascina seleccionar actores que luzcan como personas comunes y corrientes. Tiene sus variaciones, claro. Hay un alto porcentaje de público que no es amante del trabajo de este cineasta, sin embargo, sus películas atraen a un gran público intelectual que encuentran no sólo hilarante su obras, sino que le ven un sentido crítico. Personalmente me inclino por sus guiones y sus actuaciones, también me atrae su forma de diriguir, pues convierte a cualquier actor en un personaje diseñado por él. Es decir, no solamente recurre a sus actores prefridos, sino que contrata a quienes hemos visto en películas muy alejadas de las temáticas de Woody Allen.

17 de diciembre de 2010

Inesperado

Afuera el frío. El viejo reloj de rostro amarillo señala las ocho y cinco de la noche. Bebo algo caliente y comienzo una línea: "El gato se acurrucaba en forma de bola oscura junto al fuego..." pero no puedo continuar, alguien llama a la puerta...

8 de diciembre de 2010

Afuera, la noche

Afuera, la noche surcada de calles; tiritando las luces de frío y de neblina, pajarracos negros cubiertos de abrigos se dispersan como como manchas de sombra. Adentro, tirito de frío. Esta enfermedad no es del alma, es el resfriado y la calentura. Hoy no leeré, no anotaré nada; miraré televisión, cubriéndome hasta el corazón, por si acaso, luego dormiré soñando en la Luna silenciosa.

6 de diciembre de 2010

Tarik

Tarik, el más grande ceramista de Mogador, vino a mi mente cuando traté de enviar un email a alguien que no he visto en persona desde hace veinticinco años y con quien me he comunicado infrecuentemente, precisamente, por email. Igual que Tarik al desear modelar la pieza única, quise redactar algo tan preciso, tan especial, tan diferente. Quería escribir un texto particular, que dijera tantas cosas... permanecí mirando en mi interior esa luciérnaga brillante. ¿Qué palabras breves pueden condensar lo que no le dicho en toda una vida? ¿Qué instante puedo capturar para mi hijo?

30 de noviembre de 2010

Todas las calles

El día se ha derretido sobre la noche y la línea que los separa se ha vuelto tan difusa que es prácticamente imposible distinguir uno de la otra. Yo, como muchas veces, he pasado de la luz solar a la nocturnidad de colores. Bueno, soy un híbrido: día y noche. La oscuridad me sorprendió en el café (esto es frecuente). Cuando abandoné el lugar, no tomé a la izquierda como es usual; no fui directo a cruzar la plaza rumbo a casa; caminé a la derecha, con rumbo incierto, igual que muchos noctámbulos: a lo que depare la ciudad nocturna. Bien puede haber algo nuevo... tal vez nada. Parezco otro, con mi ropa, con mis manos y mi cara, pero otro. No un otro ajeno, desconocido, sólo otro yo. La noche me llama esta vez... y no le gusta esperar.

19 de noviembre de 2010

La mano del fuego

Alberto Ruy Sánches, La mano del fuego (segunda edición 2008. La primera edición es de 2007) editorial Alfaguara. Escrita esta novela con un lenguaje entre simple, poético y simbólico, abre un portal a mundos desconocidos para algunos. La mano del fuego se refiere a los aspectos del erotismo, a la sensibilidad de los amantes que se escuchan con las manos sobre la piel del otro. Habla de los significdos de los cinco dedos. Tarik Razaali, el mayor ceramista de Mogador, recibe el encargo de Jassiba, la mujer amante de Zaydún. Ella solicita a Tarik que le diseñe y elabore un modelo en cerámica; una pieza que Tarik, el mayor ceramista, no haya modelado y que jamás elaborará de nuevo. Jassiba pidió que cuando ella y su amante mueran, la pieza definitiva será moldeada con las cenizas de ambos. Ello será la expresión máxima del amor. Una pieza de extrema belleza, aunque inutil y frágil, pero única.
Tarik empieza a trabajar en el modelo perfecto, sin un parpadeo, recuerriendo a sus recuerdos sensuales y cuando ha formado ya la parte que constituye la vasija especial, un insecto llegó haciendo giros en el aire y entró a la estructura del ceramista. Era un cocuyo, pariente de las luciernagas. Este insecto es venerado por la gente de Mogador, pues sostienen que en esa luz, que los hace resplandecer en las noches, se guarda el alma de los muertos; luz que sigue brillando después que los insectos han dejado de vivir. La distracción que produjo el insecto hizo vibrar levemente la mano de Tarik, lo que le proporcionó a la pieza un aspecto singular, inimitable.
Mogador es una dimensión de símbolos y creencias, de tradiciones y oficios, de amor y amantes que bajo la luna se juntan y de mujeres que hacen el amor con el Sol... el Sol como amante.
Es hora de enceder la luz de un cigarrillo, beber los secretos del café y soñar con las callejuelas y tiendas de Mogador. La noche es fría, pero el alma tibia e íntima.

16 de noviembre de 2010

El hombre en la calle solitaria

Se había borroneado el día. A las cinco de la tarde oscureció de tal forma que parecía que la noche tenía adelantado su reloj. Comenzó una llovizna fina, tanto que no se apreciaba, pero las paredes y el pavimento brillaban imitando en horizontal los edificios. No me importaba nada de eso, arrellanado en mi lugar en el café (igualmente muchos comenzales conversaban, otros leían revista o periódicos o libros, así que no era el único metido en mis cosas. ¡Ah! estaban los que miraban,casi inmóviles, por la ventana hacia la calle reflejante). Con gozo comencé a tocar la portada del libro, que encontré en un estante en una de las librerías de la avenida Matías. Me gustó la portada, es una pintura de un tal J. Smith. Se trata de un hombre de pie en la acera de una calle angosta, empedrada, solitaria y de farolas tristes. El título, abarca un poco de la parte superior de la imagen; está escrito con letra Arial color blanco, como despintándose: El hombre en la calle solitaria de Ethan Curtis (no lo conocía) 1996. ¡Cuentos! Son catorce cuentos que leeré poco a poco y que me dispongo a disfrutar. La editorial, desconocida para mí, es Unicornio, española; la traducción, de Amílcar Borrero, 2008. La factura del libro es buena, flexible, para ser abierto de par en par. La contraportada informa que el autor escribe literatura urbana; sitúa sus historias en Nueva York o Boston. Sus temas: la soledad, la muerte, las relaciones interpersonales fracturadas y, particularmente, exploraciones a los laberintos internos de sus personajes. Pediré más café y un pan vienés. No he escrito ni una línea, pero he leído muchos mundos.