8 de julio de 2009

Reflejo que no soy yo

Como es usual, las calles atestadas. Me bajé del tren de pasos de la acera y me metí a la tabaquería y compré puros. Aunque en la mayoría de los lugares está pohibido, los fumo en el parque. No hace mucho frío hoy y pienso pasar un buen día. Al cruzar la calle un tipo nos adelantó a todos. Quedé asombrado pues era muy parecido a mí. No era sólo la cara de judío viejo: la nariz grande, la barba canosa, los ojos oscuros, sino la estatura, los hombros y la manera de andar.
Decidí seguirlo... ¡fue el colmo! del bosillo de su abrigo sobresalía el extremo de un cuadernillo... ¡Igual que yo! Caminamos tres cuadras, entramos a La Fuente. Ahí ocupamos nuestra mesa, pedimos café, pedimos pan, encendimos cigarrillos (aquí todavía lo permiten) y comenzamos a revisar nuestras notas.

7 de julio de 2009

Llama de cristal

El edificio con más cristal se enciende por las tardes, cuando hay sol, claro. Es una hermosa llamarada naranja que parece ondular por el viento vespertino. Desde la plaza de San Gabriel puede contemplarse el espectáculo. Ya se ha formado un grupo de viejos que se reune a observar. Al iniciarse la flama, guardan silencio, igual que yo; si no hay sol, hablan un rato y luego se marchan. Yo permanezco para ver las sombras que se entrecuzan, ya de noche me voy perdiendo entre farolas, bancas y árboles, mientras los cuervos ya se han dormido.

6 de julio de 2009

Nada ante el espejo

Me he dado cuenta que hace mucho tiempo que no me miro en el espejo. Me veo sí, pero no para observarme, para reconocerme. Es ver una figura, encontrar una mancha, alguien que se parece a mí, lo que queda de mí… o bien, pudiera ser otro. Estoy acostumbrándome a ver un rostro de quien me digo que soy. Veo mi máscara, no proyecto nada, no me identifico, ese reflejo me es ajeno.

26 de junio de 2009

Calles matinales

Esta mañana ha sido de ajetreo. ¡He caminado tantas calles y subido escaleras! Pero todo ha salido bien. Aunque he tenido que esperar aquí o allá, todos los trámites quedaron completos. Ventanillas, filas, miradas de desesperación, de cansancio, autobuses, multitudes, un apresurado trago de agua... la ciudad.

25 de junio de 2009

Reverso

El saco luce bien, todavía, pero el reverso dice otra cosa. El forro tiene algunas bocazas abiertas, lánguidas, como de monstruo marino fuera del agua. Ya cuelga como, como... qué mal, se parece a mis mejillas. No obstante, salgo a la calle y me cubre bien, me siento cómodo en él, es como si hubiera salido con una parte de mi casa. Creo que en mis hombres luce con algo de vida, pero en el perchero es como que si al cerrar la última función, el ventrílocuo abandonara al muñeco, viejo y empolvado, decaido y triste. Pero bueno, dejemos estas cavilaciones para otro momento. Tal vez más tarde las anote en mi cuadernillo.

21 de junio de 2009

Nota al margen

Una tarde vi a un desamparado queriendo cruzar la calle, el semáforo estaba en verde y él debía esperar. Sin embargo, en un raro intervalo sin vehículos, se lanzó. Puse los ojos en la acera un segundo, cuando escuché el golpe seco del cuerpo en un auto y el resbalar de las llantas sobre el pavimento mojado. Ya no fue necesario mirar, había sucedido, era un accidente. Seguí andando rumbo al Café.

18 de junio de 2009

Nota de un hombre solo

Llevo un tatuaje urbano, intrincado y profundo. Las luces y los anuncios, las plazas y los edificios se han bordado sobre mi piel y mi alma. Sé de memoria callejas perdidas, espacios ocultos y recovecos. Puedo andar a ciegas y por los olores reconocer en dónde estoy; las voces y sonidos me indican edificios y cruces peatonales. Aquí es siempre invierno, frío y llovizna. Muchos enferman de soledad, de depresión, pero esos son asuntos privados, para manejarse en casa. Al salir, el abrigo lo oculta todo. Siempre salimos a las calles, a los parques, a los cafés o a los bares, necesitamos vernos unos a otros, reconocernos, no importa que seamos no más que sombras perdidas entre sombras. No importa que casi nunca nos hablemos, basta cruzarnos unos con otros, esquivarnos como cuervos en desbandada. A veces distinguimos algún rostro conocido, a veces nos entrampamos hablando y dejando pasar el tiempo. La ciudad nos modela, nos hace creerle, nos construye día a día; somos suyos sin remedio ni reparo. Tenemos un cuerpo urbanita, un cerebro citadino.

13 de junio de 2009

Días de ausencia

Han pasado varios días sin que viniera a estas páginas. La razón es que anduve mucho en las calles, bajo la llovizna y entre las luces de neón y de las farolas de la plaza que tanto me gustan. También me comprometí con alguien que conozco a traducirle unos breves escritos. Me llevó tiempo, me entretuve con eso; hubo otras cosillas más que me mantuvieron lejos de las sombras y las siluetas fantasmales, de los murmullos nocturnos y todo eso, de las soledades y las ventizcas frías.
En fin, ya volveré con los fragmentos de quien se desbarata cualquier día.

2 de junio de 2009

Nota tras una hoja de almanaque

Qué triste vivir escondido, siempre hacia adentro, entre paredes, ante una puerta cerrada. Pasar los días con los ojos como cerrados, en la soledad inmensa, percibiendo que la vida transita, nosotros, en el andén. El cuerpo se entumece, se va volviendo rígido. El alma se comienza a secar, se agrieta, se desmorona.
Qué triste amanecer en el desconsuelo, y mirar al horizonte y no encontrar nada.

1 de junio de 2009

A solas la noche

En la penumbra de la habitación, sentado en la cama, con los ojos puestos en su interior, recordaba que alguna vez escribió en uno de sus textos: “La vida puede ser muchas cosas o bien puede ser nada”. Como un cuervo conteniendo toda una noche, aleteante en agonía, vino una parte de un poema de Miguel Hernández en el que volvió a creer: “Tanto penar para morirse uno”.

28 de mayo de 2009

Miércoles 27 de mayo

Hoy, entre la prisa por terminar de esquivar el aguacero, tropezando con cientos de peatones, alcancé un lugar en el andén. Entre el ruido y el viento escuché el grito de una mujer: un hombre había caido frente al tren. Di la espalda, sentí conmiseración y me alejé unos metros del lugar. Alguien comentó que no cayó accidentalmente, se había lanzado. Me replegué en la pared.

18 de mayo de 2009

Este día sigue siendo como los demás: por ahora todavía la página en blanco. No sé si se quedó dormido o no tiene nada que decir. Bueno, esperaremos que nos de un buen cuento, relajado y evocador. La noche le traerá la esperanza de algo desconocido y entonces, estoy seguro, pondrá algo en esa hoja. Aunque no le faltarán el desconsuelo, ni alguna partida furtiva, ni esos largos silencios de ausencia... o la lluvia en el cristal rumiando las horas.

28 de abril de 2009

Encontrado en un papel

Hace unos días, mientras repasaba un libro, encontré una hoja delgada, con apariencia de haber estado entre las páginas desde hace mucho timpo. Era un poema que decía:

Mientras la marea del espacio
se extiende
el polvo solar con sus motas
invisibles
como flores sin color
nos cubrirá.
Nada será posible
hacer
sin conocer nada
del origen.
Nuestro cuerpo perderá
la batalla
lo invadirá el dolor de sus partes.
En la marea
nos dejaremos ir
moriremos.
La mayoría pasará a la sombra
del espacio.
Dejaremos la Tierra
en masa,
pero solos.

En estos días lo he recordado.

24 de abril de 2009

El día en el espejo

Hoy amaneció lloviendo. El cielo aparece oscuro, como de noche. A través del cristal empañado pude ver la misma escena de hace tiempo, como un volver el tiempo, como un repetir un sueño: de pie en el umbral, bajo la lluvia y medio cubriéndose con el paraguas, con la maleta en mano, un desconocido a punto de partir.

22 de abril de 2009

Nota mínima

Hoy amaneció lloviznando; no parece gran cosa, pero... bueno, la ciudad luce diferente; se ve más ciudad, más grande. Con la lluvia los edificios se destacan, nos asaltan con un brillo inusitado. Caminaré a la parada del autobús y mientras espero observaré a la gente. Sé que miraré pasar, como casi todos los días, a la mujer de paso rápido, cara seria, dura, con gesto de que algo muy malo le sucede. Pasará y en unos segundos la olvidaré; subiré al camión y dejaré la parada para darle posibilidad a la aventura.

16 de abril de 2009

Nota especial en cuadernillo

El hombre de la gabardina oscura ha vuelto a pasar por esta calle, varias veces. Ya he anotado que ha pasado y que siempre va mirando al suelo, para disimular, claro. Sé que esta nota me servirá más adelante.

15 de abril de 2009

Página sorprendida

Por primera vez escribo, en el cuadernilo azul, que a veces llamo diario, unas líneas en las que aletea un sol amarillo y un día claro. Por primera vez escribo que las aceras lucen, desde lo que alcanzo a ver desde mi ventana, saturadas sí, pero transitables y con la posiblidad de detenerse ante una tienda y con un disculpe quedarse allí de pie, sintiendo las mangas y hombros de los demás... creo que un poco más tarde bajaré a escribir mis notas en una de las mesas de La Fuente.

9 de abril de 2009

Por la plaza, todavía húmeda por la llovizna de la tarde, cruzan los transeúntes; unos presurosos, otros lentamente. Yo camino sin prisa, respiro el aire de la incipiente noche y me lleno de las luces de las farolas. No hace frío, pero el aire fresco reanima. Es una buena noche. Todo luce en paz.

Pasan los días

Pasan los días y extrañamente la tristeza ha amainado. Pasan los días y extrañamente el teatro del pasado ha mantenido su telón cerrado. Pasan los días y lo gris de las horas parece desvanecerse. Pasan los días y por la ventana entra una brisa suave que todo lo refresca. Ayer vi un perro callejero que cruzaba cabizbajo y sentí deseos de ayudarlo, no hice más, pero por lo menos dejé de pensar en mí unos instantes.

3 de abril de 2009

Tras la pista

Desde la mesa del café comencé a observar al tipo del maletín negro. Era un hombre aparentemente común y corriente, sin embargo, su mirada como distraída, como distante, y su forma de moverse, lo delatan. Sé, por su manera de tomar la taza y de sorber el café, que espera a alguien con quien tendrá tratos. Por eso lo vigilo. Este caso no me lo encargó nadie; no fui contratado, lo estoy atendiendo por mi propia cuenta, sólo por una corazonada. En el momento en el que lo vi bajar del camión, advertí que era un agente secreto. Tengo un año ya siguiéndolo, no he descubierto nada serio aún, pero ya cometerá un error y entonces...

El hombre del maletín negro, se levantó con suavidad sonriendo abiertamente, saludó a su esposa, con quien había quedado de verse; pidieron un café para ella y luego se enfrascaron en su cotidiana conversación: cómo estuvo el día en el trabajo, los niños entrarían a periodo de exámenes, la llave de la cocina comenzó a gotear otra vez...

Ya cometerá algún error y entonces...